Los comienzos

Nuestra historia comienza en una humilde taberna del Madrid de principio de los años 30. En la barra de una taberna llamada “Cabaleiro” trabajaba Pedro Jiménez, un local familiar de origen gallego propiedad del tío de su suegra.

Era tiempos difíciles donde salir adelante con el sueldo de camarero era una auténtica proeza. La vida de Pedro transcurría tranquila hasta que sus ojos se posaron en los de Victoria Fernández, una joven que vivía en la madrileña calle del Calvario, modistilla en un taller de costura donde pasaba sus horas cosiendo vestidos, arreglando bajos y zurciendo todo tipo de ropa.

Pedro y Victoria se ennoviaron en 1933 y a pesar de que por medio estalló la guerra civil decidieron casarse en 1937. Una ceremonia sencilla por lo civil ya que durante la contienda no se oficiaban bodas eclesiásticas.

Fueron tiempos difíciles para el matrimonio de Pedro y Victoria que pronto tuvieron su primera niña a la que llamaron Angelines… ¡Sí, la Nines que todos conocemos!

A Nines le contaron una escena tremenda que sufrió junto a su madre cuando ella era aún un bebé. Su madre la llevaba en brazos cuando una bomba estalló a su paso arrancando al bebé de los brazos de su madre. Todo era polvo y confusión. Victoria gemía aterrorizada entre los escombros buscando a su pequeña. Afortunadamente la encontró a pocos metros, cubierta de polvo pero sin ningún rasguño y aún hoy a sus 77 años continúa fuerte e incombustible.

El posguerra

La guerra terminó y en 1942 Pedro y Victoria consiguieron casarse por la iglesia, un sueño que finalmente pudo cumplir doña Victoria. No sería el único sueño que se convertiría en realidad aquel año. Con mucho esfuerzo alquilaron un local en la madrileña calle de la Ballesta, en el número 18. El interior lo dividieron como pudieron en dos zonas, la delantera sería una taberna y en la parte trasera viviría la familia. Ese local continúa hoy en día siendo “Casa Perico”.

En aquella parte trasera vendría al mundo Pedro, nuestro Perico, cuando Nines apenas tenía 10 añitos a manos de la comadrona Rosario Carrasco, su vecina y la comadrona de todo el barrio, justo donde ahora se sitúa el último comedor. Tendríamos que imaginar aquella familia de taberneros esperando a que se marcharan los últimos clientes de la taberna para echar los colchones al suelo para poder acostarse a descansar. Dormían los dos pequeños en una cama y tener la suya propia fue lo que más alegría les dio pasados los momentos más duros de los inicios.

La post-guerra fue dura y mucho más si querías mantener un negocio abierto al público. Al principio se conformaban con servir chatos de vino con gaseosas y sifones (de ahí la afición de Perico de coleccionar todos los sifones que puede) y vino a granel vendido a “alitreo” (por litros). El vino que servía no era de gran calidad, en aquellos tiempos en Madrid se bebía vino de Valdepeñas y sobre todo vino blanco porque el tinto escaseaba. Y que decir si se quería tomar un Rioja… Para eso había que tener mucho dinero y estaba reservado sobre todo para los restaurantes de lujo. También se impuso en casi todas las tabernas la Cazalla, un aguardiente fuerte que se tomaba muy temprano para entonar el cuerpo. Al abuelo de Angelines, Don Mariano, le tocaba madrugar para servir el aguardiente a los primeros obreros que de esa manera comenzaban con fuerza la mañana.

Perico, por aquel entonces, era ya un chaval que ayudaba como podía en el negocio al igual que sus hermanos. Acudían a la cola de racionamiento para coger el mayor número de pan posible para que luego se lo tomaran los clientes de la taberna. No es de extrañar que nuestra Nines cada vez que le toca tirar un trozo de pan a la basura le de unos cuantos besos antes de arrojarlo al cubo, seguramente recordando aquellos tiempos difíciles.

Los primeros clientes de la Radio

Los años fueron pasando y Casa Perico se iba haciendo su “sitio” en el barrio. Todos iban pasándose para conocer aquella taberna incluso los cercanos vecinos de la antigua Radio Madrid (Cadena Ser) que en 1942 comenzaron a hacerse asiduos. Los primeros en llegar serían Luis Sánchez Polack y Joaquín Portillo, que se hicieron famosos por su dúo radiofónico “Tip & Top”. Ellos serían los que comenzaron a animar a doña Victoria para que acompañara los chatos de vinos con alguna tapa. Las patatas fritas y las aceitunas fueron las primeras en llegar pero después darían paso a los calamares, las tortillas, los boquerones, sus famosos callos… La tapa preferida de Tip & Top era la que bautizaron como “Transfusión” que no era otra cosa que sangre de cordero encebollada.

Pronto se correría la voz y los trabajadores de Radio Madrid comenzaron a hacerse asiduos de Casa Perico. Por su taberna desfilaron voces como la de Pedro Pablo Ayuso (Primer actor de radionovelas) y Agustín de Ochoa (Locutor de radionovelas) y actores de telenovelas como: Eduardo Lacueva, Matilde Coneja, Matilde Villariño, además del famoso locutor Teófilo Martínez que los niños de doña Victoria le llamaban “Tío Teo”. Incluso la taberna era mencionada en alguna ocasión “En antena” la pareja de radio Mercedes Sierra y Eduardo Lacueva nombraban el restaurante cada vez que había algún acontecimiento… “Y ahora nos vamos a comer a Casa Perico para conmemorar el cumpleaños de Angelines que cumple 5 añitos, felicidades”…

Cuando todo iba encaminado la familia sufrió un nuevo revés. En 1950, desafortunadamente, Pedro Jiménez Padre falleció dejando a Doña Victoria con un negocio y 4 niños pequeños. Pronto Nines tuvo que ayudar a su madre en el negocio y con 12 años comenzó a trabajar en “Casa Perico”.

Y llegaron los americanos

Madrid se iba poco a poco recuperando de la postguerra. En 1953 comenzó a ser construida la Base Americana de Torrejón de Ardoz y muchos de sus empleados comenzaron a deambular por Madrid, los negocios se rifaban poderlos tener como clientes porque venían con dinero y no les importaba gastárselo. Hasta Casa Perico comenzaron a llegar algunos de ellos y esa sería la razón de que Doña Victoria, aparte de las tapas, comenzara a dar comidas. Aquellos jóvenes soldados necesitaban comida potente para “recargar las pilas” y la taberna se convirtió en restaurante y empezaron a llegar las lentejas, las judías, los guisos de carne…

Llegaron los años 60 y el restaurante Casa Perico se iba consolidando. En sus mesas han ocurrido grandes acontecimientos. Aquí, por ejemplo, en el año 61 sería donde Tip, después de separarse de su compañero radiofónico Top, conocería a su nuevo compañero de viaje radiofónico, José Luis Coll, comenzando el dúo “Tip & Coll”. Según una crónica de la época: “Tip & Coll incluso celebraron en Casa Perico sus bodas y bautizos. Dicen que Coll se gastó en su boda más de 200 pesetas en vino y aceitunas (pues no había para más), pero se sentía espléndido, era el día de su boda, son momentos que no se repiten en la vida…”

Aquellos 70…

La cercanía de la emisora Radio Madrid hacía que no faltaran caras conocidas en el restaurante. Por aquel entonces, el famoso Ballet Zoom de Giorgo Aresu, ensayaba en una academia de danza en el número 8 de la misma calle que Casa Perico, después de los ensayos el ballet al completo se pasaba por el restaurante a comer. A pesar de tener que mantenerse en forma y de tomar muchas ensaladas tampoco se resistían a unas lentejitas, a unas judías o los famosos guisos de Carne.

Perico, el actual propietario, ya trabajaba desde hacía años en la taberna y como las cosas iban mejor se compró su primer coche, un Renault 5, con el que en verano y después de echar el cierre al restaurante, se acercaba con su madre y hermanas al Templo de Debod, a tomar el aire fresco y a ver pasear a la gente, algo que les hacía felices.

Los 90

La crisis de 1993 fue de las peores que se recordaban en España y en Casa Perico también lo notaron pero gracias a la ayuda de los clientes amigos, entre los que se encontraban un gran número de periodistas, Casa Perico comenzó a ser conocido en los medios, y pronto se conocerían sus famosos callos, sus guisos, sus croquetas en todo Madrid gracias a los artículos en prensa o a los comentarios en radio y televisión. En esta época empezaron a reunirse en Casa Perico lo que se bautizó como “Lobby 13”, doce periodistas que se sentaban junto a un invitado los día 13 de cada mes. Eran periodistas influyentes y las preguntas a las que se sometía al entrevistado solían ser duras y comprometidas de ahí que se le regalara una máscara de Hannibal Lecter para que no mordiera. Hoy en día el local está salpicado de fotos de los más conocidos fotografiados con la famosa máscara. Personajes tan conocidos hoy en día como: Fernando Trueba, Santiago Segura, Gran Wyoming, Joaquín Leguina, Juan Echanove, entre otros.

También se han dejado ver por Casa Perico artistas tan reconocidos como Julio Iglesias o su hijo Enrique Iglesias, Alejandro Sanz, Paz Vega, Carmen Maura, Joaquín Sabina, Almudena Grandes, incluso han comido tres premios nobel: Rigoberta Menchú (Premio Nobel de la Paz) y los premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa y el fallecido José Saramago.

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Alberto Granados Martínez